El aumento de las temperaturas conlleva a su vez un aumento en la incidencia de intoxicaciones alimentarias, las cuales en verano hacen su agosto y nunca mejor dicho…

Una intoxicación ocurre cuando se ingiere agua o un alimento que contiene parásitos, bacterias, virus o las toxinas producidas por estos microorganismos. ¡Una de las intoxicaciones más frecuentes durante el verano es la salmonelosis aunque no es la única!

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¿Cómo evitar las intoxicaciones alimentarias en verano?

Para evitar las intoxicaciones alimentarias, sobre todo en verano, La Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN) recomienda, a partir de las Reglas de Oro para la preparación higiénica de alimentos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), las siguientes cuestiones:

  • Consumir alimentos de forma higiénica, evitar el consumo de leche cruda y asegurarse de que carne y pescado se han mantenido a temperaturas de refrigeración o congelación adecuadas.
  • Cocinar bien los alimentos ya que el calor actúa de higienizante y destruye los microorganismos.
  • No dejar los alimentos cocinados a temperatura ambiente. Si no se consumirán enseguida, debe permanecer bajo la acción del calor (por encima de 60 ºC) o del frio ( menos de 7 ªC).
  • Evitar la contaminación cruzada entre alimentos crudos y cocinados.
  • El manipulador debe mantener una adecuada higiene
  • Impedir que los alimentos entren en contacto con insectos o animales de compañía, ya que pueden ser portadores de patógenos.
  • Asegurar el acceso de agua potable no solo para beber sino también para preparar recetas.
  • No romper la cadena de frío.

¿Qué hacer ante una intoxicación?

Lo primero que debemos saber es si hemos sufrido una intoxicación, para ello relacionaremos alimentos de alto riesgo como son “alimentos frescos con alto contenido en agua como frutas y verduras, y alimentos ricos en proteínas como carnes, pescados, mariscos, huevos, mayonesas, lácteos y derivados como cremas y natas” con síntomas típicos de intoxicación como son “cólicos abdominales, diarreas, fiebre y escalofríos, dolor de cabeza, nauseas y vómitos o debilidad”.

Una vez identificada una intoxicación es muy importante que tengamos en cuenta cuales son los grupos de riesgo, esto quiere decir personas a las que una intoxicación alimentaria puede generar un peligro serio para su salud; este grupo lo forman lactantes y niños, mujeres embarazadas, ancianos, personas con enfermedades crónicas y personas con el sistema inmune deprimido. En tales casos acudiremos urgentemente al médico para tratar la intoxicación.

En personas adultas y sanas siempre y cuando no aparezca fiebre y los síntomas no sean muy severos, pasaremos un par de días fastidiados en los que es muy importante que evitemos la deshidratación, para ello beberemos sueros de rehidratación oral de forma regular y respecto a la comida incluiremos alimentos como el arroz, la patata, manzana (no cruda) y pollo o pescado hervido; evitando las legumbres, frutas y verduras (con alto contenido en fibra), el café, la leche, el alcohol,… Esto será suficiente para superar la intoxicación.

En caso de que a pesar de hidratarnos bien y seguir una dieta adecuada los síntomas no remitan en un par de días, acudiremos al médico para que nos recete un tratamiento más fuerte y evitar complicaciones.

¡FELIZ FINAL DE VERANO!